Acabo de recibir una noticia fuerte. Un ser querido está pasando por una cirugía de emergencia, siento la opresión en el pecho, la angustia, la emoción que es normal sentir en esos momentos a menos que ya esté flotando en el aire y la mente susurra:
No, tú ya no sientes eso.
Ajá.
No hay manera más fácil de sufrir que creer que somos algo que no somos, porque perdemos nuestra integridad interna. Es decir, nos alejamos de lo que ocurre en nuestro mundo interior.
No puedo actuar como una mujer iluminada, etérea, despierta o sumamente espiritual si no lo soy. Pretender que soy algo que no soy es engañarme a mí misma y, por lo tanto, me aleja de reconocer la verdad sobre lo que estoy sintiendo.

El costo de hacerlo es muy alto. No solo porque, al creer e identificarme con uno de esos pensamientos, empiezo a crear una imagen que no existe, sino porque esa imagen atraerá más pensamientos y emociones conflictivas.
Al intentar simular que ya no me identifico con ciertos pensamientos o que ya no me alteran ciertas emociones, termino escondiéndolos y acumulándolos debajo de la alfombra hasta que se convierten en una olla de presión y tienen que salir; o, por otro lado, vivo en una fantasía en la que predico una cosa, pero vivo otra muy diferente.
Doy consejos tipo gurú pero soy un manojo de nervios.
Recito versículos pero me muero de ansiedad.
O como lo que me pasó a mí, que cuando me despidieron, me pasé diciendo que estaba muy agradecida y enterré el enojo porque andaba bien concentrada escuchando a la mente decir:
¿Cómo te vas a enojar si aquí fuiste muy feliz?
¿Te vas a enojar? ¿Cómo, si tú todos los días agradeces algo?
¿Por qué te va a dar ansiedad el futuro, si tú ya no sos de esas personas?
Ajá.
Sin darme cuenta me alejé de la enseñanza básica: la importancia de la integridad interior.
La integridad interior es ver lo que está ahí, sin juzgarlo ni tratar de cambiarlo. Al vivir con integridad interior dejamos de pelear con lo que realmente estamos sintiendo. Dejamos de luchar contra lo que somos. Si siento enojo, me permito sentir enojo; no ando simulando que, por iluminada, ya no me enojo. Si siento vergüenza, me permito sentir la vergüenza; si tengo miedo, siento miedo en lugar de andar recitando frases alentadoras.
No maquillo.
No simulo.
Simplemente Soy.
Entonces, ¿cómo se vive eso?
Como todo, es una práctica. Mientras más practicamos, más hábiles nos volvemos para darnos cuenta de los pensamientos, sentir y liberar las emociones y, poco a poco, sufrir menos.
Pero ante una noticia fuerte o cualquier situación que nos altera, podemos revisar si nos estamos desviando de la integridad interna, haciendo lo siguiente:
Observar qué hacemos: Si nos metemos en un personaje en el que simulamos que todo está bien, podemos preguntarnos intencionalmente: ¿realmente estoy en calma o me estoy metiendo en el personaje de gurú, profeta, iluminada o ve tú a saber qué?
Observar los pensamientos: Intentar notar si aparecen pensamientos como: “Tú tranquila, que ya no te pones ansiosa”, “No te alteres, que tú siempre estás bien”, bla, bla, bla. Ya sabes, ese ruido/parloteo mental que a veces nos dice cosas lindas y otras veces cosas catastróficas.
Permitir sentir: La única manera que tenemos de liberar las emociones es sintiéndolas. Entonces siente si tienes alguna emoción reactiva atorada en el pecho o en algún otro lugar del cuerpo.
Escanear el cuerpo: A veces decimos “todo estará bien”, pero estamos temblando. Entonces revisa las señales que te da el cuerpo.
Eso es lo que yo he aprendido y practicado, pero no siempre me funciona porque hay veces en las que me voy por la historia del ego espiritual, hasta que después la vida me aterriza dándome un topetazo.
Aquí no sirve el “fake it until you make it” (fíngelo hasta que suceda) o hablar como Yoda de Star Wars.
¡Nos vemos el próximo domingo!
—Karen

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Gracias por estar aquí. Si es la primera vez que me lees, aquí escribo sobre lo que he aprendido para sufrir menso y tambien cuando sigo sufriendo. Estas reflexiones nacen de mi interpretación de las enseñanzas de la Oneness y de mi propia experiencia.




