Gracias por estar aquí. Si es la primera vez que me lees, aquí escribo sobre lo que he aprendido para sufrir menos y también sobre cuando sigo sufriendo. Hoy escribo sobre un encuentro que tuve hace algunos días, que me recordó el sufrimiento que nos genera no aceptarnos como somos.
Lo que comparto nace de mi interpretación de las enseñanzas de Oneness y de mi propia experiencia.
Acabo de hacer un viaje de trabajo sola a un lugar turístico del país. Terminé mis compromisos laborales, me puse el traje de baño y fui a la piscina, donde conocí a Ashley.
Canadiense, de 42 años y con tres hijos pequeños, viajaba sola por primera vez después de su divorcio. Había elegido mi país porque siempre había querido conocerlo, pero su exesposo se había negado a venir. Así que, una vez separada, decidió hacer el viaje por su cuenta.
Mientras conversábamos, Ashley se disculpó una y otra vez, aunque apenas nos conocíamos.
Me contó sobre su divorcio y enseguida aclaró, en inglés, que estaba bien, que ya había pasado. Luego añadió: I’m so sorry por estar contándome algo tan personal.
Me habló de sus hijos, todavía pequeños, a quienes había dejado con su papá. Otra vez dijo I’m so sorry, como si tuviera que disculparse por haberlos dejado, aunque sabía que era algo que necesitaba hacer.
El I’m so sorry aparecía a cada rato.
También me contó que tenía un trabajo temporal. De nuevo: I’m so sorry. Pero era el empleo que había conseguido porque le permitía pasar más tiempo con sus hijos.
Después volvió a decir I’m so sorry al contarme que su exesposo se había casado esa misma semana, mientras ella estaba de viaje y él cuidaba a sus hijos.
Ashley me recordó todas esas veces en las que nos sentimos so sorry por ser quienes somos. Quizás no lo decimos tan abiertamente como ella, pero muchas veces nos sentimos inadecuados porque hemos aprendido que siempre hay algo malo en nosotros y que, por lo tanto, tenemos que mejorar.
Nos sentimos so sorry cuando creemos los pensamientos que nos dicen:
No deberías ser así.
Otra vez tú, con tus cosas.
Has hecho tan poco.
Otra vez con ansiedad… Ya cálmate.
Quizás lo que realmente necesitamos es decirnos: I’m so sorry por tratarte así.
Pero, en lugar de ser compasivos con nosotros mismos, creemos lo que la mente nos dice. Por ejemplo, cuando aparece la ansiedad, emprendemos una batalla para eliminarla y, al hacerlo, confirmamos la idea de que hay algo malo en sentirla.
Por eso, quizás el I’m so sorry que necesitamos no es, en realidad, una disculpa por ser quienes somos, sino una manera compasiva de reconocer cuánto tiempo hemos pasado creyendo pensamientos que nos atacan. Cambiaríamos el diálogo y nos diríamos:
I’m so sorry por exigirte tanto.
I’m so sorry por hacerte creer que había algo malo en ti.
I’m so sorry por intentar corregirte cuando lo que necesitabas era aceptación.
Porque, en realidad, no estamos dañados ni necesitamos convertirnos en alguien más.
Solo necesitamos dejar de creer cada pensamiento que nos pide que nos disculpemos, como Ashley.
¡Nos vemos el próximo domingo!
Karen




