Gracias por estar aquí. Si es la primera vez que me lees, aquí escribo sobre lo que he aprendido para sufrir menos y también sobre cuando sigo sufriendo. Estas reflexiones nacen de mi interpretación de las enseñanzas de Oneness y de mi propia experiencia.

Durante una época de mi vida decía por las noches: “Es que no puedo dejar de pensar”, mientras padecía de insomnio. Pero, durante el día, defendía a capa y espada lo que pensaba.
Por un lado, estaba tan arraigada a “mi manera” de pensar, pero, por otro, “quería dejar de pensar” para tener menos ansiedad y desvelo. ¿Entonces?
Le tenía tanto cariño a mi manera de pensar que intentar distanciarme de la mente ponía en peligro mi “identidad”.
Porque, si no soy mis ideas, mis opiniones, mis conclusiones ni todo lo que pienso sobre mí y sobre los demás, entonces ¿quién soy?
Esa pregunta me generaba sufrimiento. Aunque quería alejarme de ciertos pensamientos, seguía profundamente apegada a otros.
Algo que me ayudó a desencariñarme de la mente fue comprender que mi manera de pensar no era tan única. En realidad, hay millones de personas con pensamientos muy parecidos a los míos. Como dice Kirby Ferguson, casi nada surge de la nada y en realidad everything is a remix (todo es una mezcla).
Así que, aunque no lo parezca, en mi experiencia, vivir aferrada a la idea de que mi mente era única y especial también hacía más difícil silenciarla por la noche. Estaba, en realidad, muy apegada.
Aunque al ego no le encante la idea, resulta liberador reconocer que nuestra manera de pensar no es tan única. Muchas de las ideas que sentimos nuestras ya las han tenido otras personas.
La mente quiere convencernos de lo contrario repitiendo cosas como:
“Yo siempre he pensado diferente”.
“Yo no soy como los demás”.
“Yo tengo una forma especial de ver las cosas”.
Pero esos también son solo pensamientos. Así que creerlos también nos desgasta.
Al tomar menos en serio esos pensamientos, también logro tomar mayor distancia de los que siento que me perturban. Voy por la vida más ligera porque ya no le doy autoridad al contenido de cada pensamiento. Ahora puedo verlos, más seguido, por lo que son:
solo pensamientos
¡Nos vemos el próximo domingo!
—Karen

Una invitación a observar
Intenta identificar aquellos pensamientos a los que estás apegado. Escríbelos.
Luego pregúntate: ¿qué pasaría si no estuvieras apegado?

Puedes compartir tu reflexión en los comentarios.




También soy una sobrepensadora y confieso que hay momentos en los que ya solo quiero dejar de pensar. Pero a la vez no llegarían a mi tantas ideas, no podría reflexionar tanto si no fuera por esa capacidad jaja.
Igual estoy descubriendo la manera sana para callar un poco ese flujo de pensamientos infinitos.
He leído tú escrito y la verdad es que yo creí que era la única arraigada a mi forma de pensar , ya veo que no y saber que era solo apego a nuestra manera de pensar sonaba como un candado 🔒.
Gracias por hacernos saber que no