
Gracias por estar aquí. Si es la primera vez que me lees, aquí escribo sobre lo que he aprendido para sufrir menos y también cuando sigo sufriendo. Hoy escribo sobre cuando dejé de sufrir por intentar ser una morning person.
Lo que comparto nace de mi interpretación de las enseñanzas de la Oneness y de mi propia experiencia.
Hoy me levanté de buen humor, es el cumpleaños de mi esposo, así que puse la alarma, llamé a mis hijos y lo despertamos con una canción pero normalmente no es así. Regularmente, me despierto cansada, arrastrando los pies, como si no hubiera dormido y deseando un café.
Llevo más de veinte años meditando, haciendo journaling y escribiendo agradecimientos, pero, aún así, la mayoría de los días y aunque haya un cumpleaños, no logro levantarme con una sonrisa como la de Heidi, la caricatura suiza.
Antes sufría por eso… ahora no.
Sufría porque no era esa persona que se levantaba risueña. Me despertaba zombi y luego sufría porque me había despertado así.
Empezaba a creer el parloteo de la mente que me decía:
- “¡Deberías ser más agradecida!.. que no ves: tienes un día más!”
- “¿Por qué no te levantas contenta?”
- “¡De qué te sirve tanta meditación, si sigues siendo así!”
Así que me sentía inadecuada, me preocupaba no ser como Heidi y me llenaba de ansiedad que luego se convertía en frustración. Intentaba disimular que era una “morning person”, en lugar de aceptarme.
Sufría más porque en lugar de darme tiempo, me quería forzar a ser algo que no era. Esa fricción atraía ruido mental hostigador que luego me generaba ansiedad y frustración, ocasionándome un día de total sufrimiento.
La miseria me acompañaba durante el día. Aunque era bastante funcional, nadie notaba que estaba ansiosa, o que me sentía inadecuada porque como la mayoría, soy muy buena para fingir. Luego al día siguiente, volvía a intentar amanecer de “buenas”.
Hoy sufro menos.
Si me levanto con “pies de plomo”, me doy tiempo. Respiro y me repito “está bien”. Me trato con más cariño y menos como un verdugo. Me permito estar con lo que es y si aparece el pensamiento “lo estás haciendo mal” o uno similar, simplemente lo dejo pasar… eso es lo que me ha dejado la meditación.
Si no fui consciente de un pensamiento y se activa la ansiedad, me tomo un momento para sentirla y me digo “está bien sentir ansiedad”. Entonces sufro un momento pero el resto del día … sufro menos.




Es una súper herramienta ser consciente de sus emociones. Yo sufrí muchos años de ataques de pánico y gracias a esos episodios aprendí a observar mis emociones, mis síntomas, lo que sentía en el momento y poner orden a mi sistema nervioso. Muchas veces he querido ser tambien morning person pero no es lo mío, prefiero dormir bien y hacer mis cosas tranquilamente. Gracias por escribir este artículo