Gracias por estar aquí. Si es la primera vez que me lees, aquí escribo sobre lo que he aprendido para sufrir menos y también sobre cuando sigo sufriendo.
Lo que comparto nace de mi interpretación de las enseñanzas de Oneness y de mi propia experiencia.
Por fuera parezco muy segura. Hablo con firmeza y las personas creen que tengo la seguridad suficiente para lanzar iniciativas… como esta.
Sin embargo, en silencio, cargo con el malestar que me genera hacer cualquier cosa nueva. Puedo pasar noches, días e incluso años enteros dudando de si la decisión que voy a tomar es la correcta o de si el esfuerzo vale la pena.
Luego, puedo llenarme de ansiedad queriendo que todo sea perfecto. Intento controlar hasta el mínimo detalle, hasta que todo se vuelve agotador.
Los pensamientos de perfección son tan sutiles que solemos creer que son funcionales. Nadie quiere enviar un correo con un error o hacer una presentación con una falta de ortografía. Pero querer alcanzar siempre la perfección nos drena y limita nuestra posibilidad de lanzarnos a algo nuevo.
Esto que ven aquí lo pensé durante un año.
Durante un año di vueltas, analizando cómo presentar la información y calculando hasta el mínimo detalle, hasta que se volvió una obsesión.
Después de colapsar varias veces e incluso enfermarme, decidí empezar desde la imperfección. Decidí alejarme de esos pensamientos que dicen: “Tiene que ser perfecto”, “tienes que calcular todos los detalles”, “no puedes fallar” e hice una promesa: no borrar nada.
Porque estar metida en esa historia me alejaba del verdadero sentido de este espacio: compartir lo que he aprendido para sufrir menos. Aunque como lo dice mi frase… también sigo sufriendo.
Lo que he aprendido es que, cuando tomamos distancia de los pensamientos de perfección, nos volvemos más ligeros. Llevamos menos equipaje y, por lo tanto, podemos aventurarnos a hacer algo nuevo; vivir con más gozo y menos de ese ruido extenuante que insiste en decirnos que algo siempre “podría hacerse mejor”.
La naturaleza es perfectamente imperfecta. Imagina si quisiéramos acomodar cada árbol o emparejar siempre el pasto.
La naturaleza es magnífica precisamente por su imperfección, pero nosotros hemos aprendido lo contrario.
Así que por hoy, intenta identificar ese ruido que te dice que todo debe ser perfecto. Respira. Toma un poco de distancia y observa que esa frase dictatorial: es en realidad, solo un pensamiento.
¡Nos vemos el próximo domingo!
Karen
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